Desde sus inicios y durante todo el siglo XIX, lo retratos eran posados, lo cual se explica por las limitaciones de la técnica que no alcanzaba la instantaneidad, pero también obedecía a criterios estéticos y un gusto social predominante, cuyos principales convencionalismos procedían del retrato pictórico.
Siguiendo una tendencia del mundo occidental, también en Uruguay se emplearon ambientaciones arquetípicas y se adoptaron criterios estéticos derivados de las tendencias en boga en la pintura, que dieron como resultado imágenes estereotipadas en las que los individuos posaban de acuerdo a su condición social, área de actividad
u otras señas de identidad. El peso otorgado a los signos externos constitutivos del universo burgués, así como las elecciones sobre factores exclusivamente fotográficos (encuadre, empleo de la luz, profundidad de campo), generaban un tipo de retrato acorde y funcional al imaginario de los sectores sociales que más lo demandaban y consumían. Ello explica que en su mayoría se eche de menos la expresión individual o los rasgos de personalidad.
Tarjeta mosaico con retratos de personas vinculadas a la defensa de Paysandú en 1864 y 1865, década de 1860 (aprox.). Autor: s.d. Albúmina. 10,7 x 6,3 cm. BN, carpeta 376_400, foto 393.
Fausto González, año 1900 (aprox.). Autor: fotógrafos de J. Vigouroux/Fotografía de la Paz. Albúmina. 11,5 x 16 cm. BN, carpeta 7255_7277, foto 7266.
Pedro Manini Rios, año 1904. Autor: Pablo Paladino. Aristotipo. 11 x 17 cm. BN, carpeta 2906_2940, foto 2936.
Alférez Ledesma, década 1880 (aprox.). Autor: fotógrafos de Dolce Hermanos. Albúmina. 11,5 x 16 cm. MHN/CI, caja 34, foto 49.
José Escribanis, año 1898. Autor: John Fitz Patrick. Albúmina. MHN/CI, caja 51, foto 20.
Alférez Juan Carlos Fernández, año 1895. Autor: Alejandro Baselli. Albúmina. 21,5 x 13 cm. MHN/CI, caja 40, foto 34.








