El vendedor de milagros presenta al público su última novedad. Apuñala por centésima vez a un balde de plástico con una navaja, deposita en el nuevo tajo algunas gotitas
del producto mágico y llena el balde de agua para comprobar el milagro. El balde apuñalado no pierde ni una gotita de agua.
El espectador sonriente ya conoce el truco y disfruta de la tensión del momento mientras espera mi reacción frente al inminente milagro.








