La luz que emana de la máquina expendedora de refrescos convoca a las niñas a consumir. Los deditos señalan el objeto de sus deseos. La oferta es muy tentadora y a las pequeñas diablitas es fácil convencerlas.
Disparo foto tras fotos con una actitud bastante furtiva sabiendo que puedo estar molestando a la mamá de las niñas. A ellas les cuesta quedarse quietas y hago muchos intentos que salen con los brazos movidos. Cuando me descubren saludan y comienzan a posar ganándose el rezongo de la madre.
Guillermo Urrutia
© Guillermo Urrutia
Contemporánea
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