El dentista callejero en la sección sanitaria del mercado taladra la dentadura de una víctima que recuesta su dolor en unos costales de ración para cerdos. La asistente dental se opone sonriente a la presencia de curiosos que perturban la concentración de su patrón.
La grotesca escena no me sorprende tanto como el alicate apoyado sobre la mesa y la uña demasiado larga del meñique izquierdo del dentista.








