En el sector peluquería del mercado se trabaja intensamente. Las tijeras no paran y el suelo es una alfombra de pelos de todas las edades. Un anciano se somete a un concentrado peluquero mientras otro cliente prefiere no ver lo que le espera.
Todos los peluqueros del mercado se ofrecen para cortarme la barba y uno llega a amenazarme con una brocha. Una afeitada, por más precaria que sea la barba del cliente, es el sueño profesional de cualquier peluquero chino.
Guillermo Urrutia
© Guillermo Urrutia
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