TUBABUS Y FATAFIUS (De Dignitate Hominis)

TUBABUS Y FATAFIUS (De Dignitate Hominis)

Domingo Casama, 25 años. Albañil ocasional de la etnia mandinga. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Matá Mané. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Sata Ndjani. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Djukú Mané, de la etnia mandinga, a sus 20 años. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Sidico Djafá. 31 años. Ex combatiente de la guerra civil de 1998 de Guinea Bissau. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Meta Tchamu trabajando en la bolaña. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
La agenda de Kuma. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Sunka Djasi, mandinga de la casta de los Numoh de Sarameta. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
La familia de Kandio Mané. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Sunkari Camará de la etnia fula, con su hija. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Nené Mané con sus mejores galas. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Moedi Camará. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Awa Nbalu, Fula y Fatima Camará, mandinga, durante una comida de funeral. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
María Mané a los 45 años con sus hijos. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Fátima Camará, segunda mujer del harén de Demba Samatine. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Ceni Camará. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
El receso de Fatu. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Kuma Casama, 16 años, de la etnia mandinga. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Usumane Casama. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Binta Camará, hija de la viuda Tumanko Mané. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Djabó Sow –holahola– de la etnia wolof, a sus 16 años. De la serie Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Sadjo Djafá, de la etnia mandinga de Gambasse. Tubabus y fatafius (I) Kandio Mané.
Camboda Fati, 42 años, con su mujer Farmata Camará, 20 años. De la serie Tubabus y fatafius (II) Camboda Fati.
Tussa, 10 años, acarreando agua desde algún manantial cercano. De la serie Tubabus y fatafius (II) Camboda Fati.
Niñas mandinga bañándose mientras se recoge agua del pozo. De la serie Tubabus y fatafius (II) Camboda Fati.
Nené, Dona y Sunkari. Aunque llegue la tormenta. De la serie Tubabus y fatafius (II) Camboda Fati.
Mediodía en Gambasse. Dona Djae y Tulai Mané descansando a la sombra. De la serie Tubabus y fatafius (II) Camboda Fati.
La plegaria de Bobó. De la serie Tubabus y fatafius (II) Camboda Fati.
Comida comunitaria con motivo de un funeral en el poblado mandinga de Gambasse. De la serie Tubabus y fatafius (II) Camboda Fati.
El harén de Kandio. De la serie Tubabus y fatafius (II) Camboda Fati.
La joven mandinga Iama Mané muestra orgullosa su móvil. De la serie Tubabus y fatafius (II) Camboda Fati.
Maestras mandinga durante un curso de formación. De la serie Tubabus y fatafius (II) Camboda Fati.
Mujeres mandinga transportando comida para sus puestos callejeros. Calle céntrica de Bafatá. De la serie Tubabus y fatafius (II) Camboda Fati.
Vendedor ambulante de sandalias, región de Bafatá. De la serie Tubabus y fatafius (II) Camboda Fati.
Vendedora de leche. Bafatá. De la serie Tubabus y fatafius (II) Camboda Fati.
Sirene Sanha, de 25 años, con su hijo Ramoli, recién nacido. De la serie Tubabus y fatafius (III) Ramoli.
Djukú Mané amamantando a su primer hijo, Lassana. De la serie Tubabus y fatafius (III) Ramoli.
Kumba Casama a sus 22 años, con su hija menor. De la serie Tubabus y fatafius (III) Ramoli.
Npoti Samatine con su hijo menor. De la serie Tubabus y fatafius (III) Ramoli.
Cheni Camará con su nieta Djono. De la serie Tubabus y fatafius (III) Ramoli.
Nené Sisí con su hijo Duu y sus amigas Kumba y Djuku. De la serie Tubabus y fatafius (III) Ramoli.
Los inseparables Alayi y Ensa. De la serie Tubabus y fatafius (III) Ramoli.
Bunka y su horquilla. De la serie Tubabus y fatafius (III) Ramoli.
Famata y sus amigos. De la serie Tubabus y fatafius (III) Ramoli.
El desayuno de Lassana. De la serie Tubabus y fatafius (III) Ramoli.
El almuerzo compartido de Mónica. De la serie Tubabus y fatafius (III) Ramoli.
Tubabu foto (2). De la serie Tubabus y fatafius (III) Ramoli.
Mi ayudante Canchungo, de 12 años. De la serie Tubabus y fatafius (III) Ramoli.
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Descripción

Tubabus y Fatafius (De Dignitate Hominis*)

Éste no es el producto de un viaje por África Occidenta: es el resultado de multitud de encuentros.
Las historias de Kandio Mané, de Camboda Fati y de Ramoli Camará –y mi encuentro con ellos– resumen, engloban y subliman a todas las demás.

Capítulo I. Kandio

Soy Kandio, de la familia Mané, mandinga, negro. Mis antepasados, mandingas desde el principio de los tiempos, sirvieron como esclavos para vosotros, los blancos, los tubabus.

A pesar de mi apariencia soy un hombre afortunado, poseo todo lo que necesito: techo para cobijarme, cuatro mujeres –Kadi, Aminata, Nhama y Famata– que me han dado treinta hijos, que cultivan arroz en nuestras bolañas, mis hijos pastorean el ganado que da leche, y mis hijas acarrean agua desde los manantiales y pozos del poblado. Apenas tengo nada más. Excepto el orgullo de ser mandinga.

Ahora algunos de los nuestros están entre vosotros y, en la mayoría de los casos, no son para vosotros más que negros. Mano de obra barata o clandestina.

Vosotros, los tubabus, habéis aprendido muchas cosas importantes, como el manejo del agua y de la luz eléctrica, pero se os han olvidado otras tantas.

Nosotros, los mandingas, los fatafius, tenemos nombre y cada nombre encierra una historia. Ahora, que te he dado a conocer mi nombre, estás obligado a no olvidarme.

Capítulo II. Camboda

Camboda Fati es un superviviente. Sobrevivió en la niñez a la viruela, a un par de conflictos bélicos, y en la actualidad sobrevive cada día a la pobreza estructural de la que está rodeado.

La vida del poblado gira en torno a él como único celador de la bomba de agua. Cada madrugada y cada atardecer abre el candado para que las mujeres del poblado (sólo las que pueden aportar unos céntimos para el mantenimiento de la instalación) puedan hacerse con el agua necesaria para la colada, el aseo y la comida de las familias. El resto deberá acarrear el preciado líquido desde algún manantial cercano. En ambos casos sorprende comprobar que, a pesar del inconmensurable esfuerzo y tiempo dedicados a tal menester, son los momentos donde la vida palpita con mayor intensidad.

Pero Camboda no es el único superviviente; el resto del poblado deja transcurrir el día, los años, teñidos de una extraordinaria cotidianidad –aderezada en partes iguales por el solaz a la sombra de una exuberante vegetación tropical, el chismorreo y la oración– interrumpida de tarde en tarde por algún viaje a la ciudad más cercana, Bafatá, para comprar ropa o alguna medicina.

En Gambasse, todos son supervivientes a las despiadadas fuerzas de un destino que ni eligieron al nacer, ni podrán, con sus escasos recursos, doblegar.

Capítulo III. Ramoli

Podría haber nacido en el país de los tubabus pero nací aquí, en el poblado mandinga de Gambasse, en Guinea Bissau, en África. De madrugada, María Mané –la matrona–, empapada en sudor cruzó el poblado en medio de una enorme tormenta de lluvia y estiró de mí. Poco después mi madre, Sirene, me colocó en el único camastro de la casa, envuelto en una gran sábana. Ese mes de agosto las gentes de mi poblado estaban alteradas por la llegada de un grupo de tubabus, por eso mi padre, Nansu, pensando en alguno de ellos me puso de nombre Ramoli.

A los tubabus se los distingue a primera vista: tienen la piel completamente blanca y siempre se les ve preocupados por los animales de la selva.

En mi poblado me siento seguro; todos cuidarán de mí. Mientras sea niño pasaré los días acarreando agua y jugando con los demás niños, y cuando sea mayor podré ayudar a mi padre a arreglar alguna de las bicicletas que pasan por aquí o ser pastor del rebaño de vacas de Kandio y beber alguna vez su leche mientras las ordeño.

Podría haber nacido en el país de los tubabus pero lo cierto es que nací aquí, y los únicos animales que me dan miedo son los mosquitos; muchos niños morirán por su picadura y yo no sé si seré uno de ellos.

Ramón Núñez. Enero, 2013
San Javier, Murcia, España

 

*De Dignitate Hominis (Giovanni Pico della Mirandola, 1486) es considerada el acta fundacional del humanismo moderno, el que defiende la elemental idea (tan frecuentemente ignorada) de que los seres humanos, independientemente de sus circunstancias, forman una humanidad única: aquello que nos diferencia es insignificante con relación a lo que poseemos en común.

Fecha

  • Desde el 16/08/2013 hasta el 30/09/2013 en [CdF Sala]

Autores

  • Ramón Núñez

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