“El hombre, jamás satisfecho de lo que consigue, quiere algo más de lo que le ofrece la Fotografía clásica. Sus virtudes, su lealtad, su probidad impecables son a los ojos del artista prendado de la síntesis, un defecto. El objetivo ve demasiado, la placa registra estos excesos, los papeles a base de plata exageran con su sequedad de contorno la obra analítica del procedimiento. ¿Qué queda, pues, al artista si quiere que su obra sea [...] la expresión de la naturaleza vista a través de un temperamento? Es entonces que aparecen los nuevos procedimientos, los papeles pigmentarios que dejan al artista una latitud inmensa en la interpretación del cliché primitivo. Ya no es la triste docena de retratos, todos iguales, melancólicos hermanos albuminados, relamidos, relucientes como tapa de bombonera. No, es la prueba única, vigorosa, acentuada, demostrando a simple inspección, la garra del autor, ese sabor estético que nos hace hoy distinguir sin titubear un Puyo de un Demachy, un Bergon de un Chéry Rousseau. Es la posibilidad de obtener de un cliché único tantas impresiones distintas como se quiera. Es la seguridad de sintetizar, de eliminar el detalle inútil, de modificar un acento incorrecto, de hacer resaltar una nota vibrante en la imagen monótona. Los nuevos procedimientos permiten llegar a ese desiderátum del artista, de obligar al espectador a pensar delante de su obra, a completar la imagen sintética que hiere su retina”.
Augusto Turenne. Discurso de apertura de la exposición del Foto- Club de Montevideo, junio de 1903.
En casa tienen sed. Reproducción fotomecánica de bromóleo. Autor: Augusto Turenne. Revista del Foto Club Uruguayo, Montevideo, mayo de 1953, p. 11.
Atardecer, s.f. Autor: Augusto Turenne. Bromóleo, 20,7 x 25,2 cm., Álbum personal de Héctor González Soubes. Archivo del Foto Club Uruguayo.








