Es día de mercado, casi como un domingo en occidente, hay tarde de exámenes en la lamasería donde se van a congregar cientos de monjes de toda la zona.
Ellos vienen. Los espero en el medio de la calle con un indiscreto despliegue de trípode y cámara. Ellos me descubren y disimulan con modestia, saben que con sus hábitos morados construyen en el imaginario occidental una seductora imagen de héroes de la resistencia tibetana.








