Los tres monjecitos son los encargados de llamar a sus compañeros a orar todos los días, al amanecer y al atardecer. Un escándalo de bombo gigante sacude a los distraídos y a los desprevenidos y los convoca al templo.
Quince minutos de aporreo arrítmico de bombo perturban la concentración de cualquiera, saco varias fotografías bastante incómodo mientras el monjecito de la escalera no me saca la vista de encima.








