Un barquerito cruza el río a seis jóvenes pasajeras. Después de la escuela, por las tardes, su trabajo consiste en unir las dos orillas. De un lado la aldea indígena, la montaña, los maizales y los arrozales sembrados en terrazas, del otro lado la ciudad, el encuentro, el mercado, el templo, el consumo.
Todo el cruce del río la bebita buscó mi fascinada mirada contrariando a las niñas más grandes que avergonzadas por la presencia del gringo fingían ignorarme.








