OPY / CASA DE REZA
Nhanderú, nuestro Primer Padre, dejó la opy para protegernos. En cada atardecer tocamos los instrumentos sagrados, bailamos y cantamos a nuestro padre Nhanderu. Por eso, la opy’i es fuente de nuestra eterna alegría. Ella es base de toda la jornada del nhe’e rete’i (el ser persona). Es en ella que tienen lugar nuestras principales prácticas espirituales y las ceremonias que dan sentido a nuestra vida. A través de ella nos mantenemos conectados a las divinidades. La opy’i es la fuente de la educación, de la salud, de la alegría, del divertimiento y de las decisiones que orientan la conducta rutinera de la comunidad y fundamentan el ore rekó (nuestro modo de ser). Por medio de los cantos y danzas realizados en la opy’i nos comunicamos y actualizamos la conexión con nuestras divinidades, fortaleciendo y alegrando nuestro nhe’e (alma-palabra). Las prácticas espirituales en la opy’i protegen la comunidad de los peligros del mundo imperfecto en que vivimos.








