“Traté de ayudarlo y de quedarme cerca de él. Lo quiero, pero ya no lo amo: todos estos años de recaídas y falsas esperanzas han acabado desgastando los sentimientos que tenía por él. Es muy doloroso tener que explicar a una nena de cuatro años por qué papa no volvió a casa”. Marcela, mujer de un joven adicto al paco, con sus dos hijas".







