Carlos Escayola fue nombrado coronel por el presidente de la República por
designación directa en 1886, considerándose una de las irregularidades que
ocurrían en ese Uruguay que estaba naciendo, que pasaba “de la barbarie al
disciplinamiento”. Aquí vemos el decreto de Máximo Santos en reconocimiento a
los servicios prestados a la patria y al partido; su compadre era además su hombre
de confianza desde el Río Negro hacia el norte.
Si bien Carlos no era un militar de carrera, se desempeñaba hábilmente en las
batallas. Tuvo que participar en varias desde los 19 años y dirigir unas cuantas ya
como jefe político de Tacuarembó. Lógicamente él prefería la vida galante pero no
eludía sus deberes militares, sobre todo con los opositores políticos.
El documento es propiedad de Alejandra Escayola, bisnieta del coronel.







