Basetrack es un ejemplo de fotógrafos que se unen para generar una declaración más potente, comprometidos en involucrar a sus públicos en la discusión. Pero en 2011 las discusiones en Facebook, principalmente entre miembros familiares, se hicieron demasiado difícil para el manejo de las fuerzas armadas. De acuerdo con Gardi, gran parte de los contenidos que los oficiales encontraron problemáticos trataba de temas menores, como padres que preguntaban por qué sus hijos e hijas tenían que usar medias marrones y no blancas cuando hacían vigilia. Esto hizo con que los fotógrafos fuesen des-invitados un mes antes de concluirse el desplazamiento de las tropas; queda activa apenas la página de Facebook, que comisiona noticias y continuas discusiones del público.
En gran parte, el proyecto fue creado desde la frustración con los medios de comunicación convencionales: “No eran solamente las fuerzas armadas que nos disuadían de producir imágenes significativas”, dice Kuwayama. “Las revistas para las que trabajábamos - o a las que les entregábamos nuestras fotografías - claramente no las querían. Regresábamos de una asignación en la que habíamos estado en la batalla de nuestras vidas, y recibíamos estas razones absurdas de por qué eso no era lo suficientemente interesante para publicación, o no era adecuado para esa semana”. No es de sorprender que miembros familiares respondieran de manera diferente: la respuesta de una madre en Facebook, por ejemplo: “Me ha salvado verdaderamente de una depresión devastadora y de una ansiedad incontrolable desde que mi hijo fue asignado. Tener este espacio compartido con otras madres me ayudó tanto y me da ánimo todos los días”.
Basetrack is an example of photographers joining forces to make a larger statement, intent on involving their audience in the discussion. But in 2011 the Facebook discussions, primarily among family members, became too difficult for the military to handle. According to Gardi, a good deal of the content that military officials found problematic was about relatively minor matters, such as parents asking why their sons and daughters had to wear brown socks and not white socks on patrol. The photographers were then “uninvited” a month before the troops’ deployment was to end; now only the Facebook page is still active, with curated news and continuing audience discussions.
In large part the project was created out of frustration with mainstream media: “It wasn’t just the military that was discouraging us from making meaningful pictures,” says Kuwayama. “The magazines we worked for—or gave our pictures to—clearly didn’t want them, either. We would come back from an embed, where we’d been in the fight of our lives, and we would get these absurd reasons about how that wasn’t interesting enough to publish or wasn’t right for that week.” Family members, not surprisingly, responded quite differently; for example, one mother’s response on Facebook: “It has truly saved me from a devastating depression and uncontrollable anxiety after my son deployed.Having this common ground with other moms helped me so much and gives me encouragement each day.”








