Carpóforo de una micena. El género Mycena cuenta con cientos de especies que solo pueden diferenciarse mediante análisis microscópico / Pie de una de las especies de rúsulas –probablemente Russulla drimeia– que abunda en pinares del país. Identificar especies de este género de hongos es un verdadero dolor de cabeza.
Alejandro Sequeira
©Alejandro Sequeira
Contemporánea

La dificultad de identificar especies

La única forma segura de identificar una especie consiste en estudiar sus esporas con un microscopio, para poder comparar sus características con las que figuran en claves o trabajos taxonómicos actualizados. A veces, ni siquiera esto alcanza y, para identificar un ejemplar, se debe recurrir al estudio de su ADN.
Por esta razón, y para evitar confundir hongos comestibles con especies tóxicas, es conveniente juntar y consumir solo aquellos que ya se conocen
o aquellos cuyo aspecto los haga inconfundibles (siempre y cuando se trate de ejemplares bien desarrollados en los que las características macroscópicas sean evidentes).
Las guías que no son de la región pueden no tener en cuenta las especies locales. Si a esto le sumamos que aún no se ha hecho un relevamiento
pormenorizado de las especies que crecen en el país, es un riesgo probar hongos silvestres sin si no se conoce cuál es.

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